Monday, December 3, 2007

Aproximación a la Novena Sinfonía de Beethoven


El texto siguiente lo escribí originalmente el jueves 16 de enero de 2003 y fue enviado como mensaje electrónico a varios amigos. Le he actualizado los enlaces y añadido una segunda postdata.

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El manuscrito original de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven será pronto oficialmente reconocido por la UNESCO como parte de la lista del Registro de la Memoria del Mundo. El próximo domingo [1] la UNESCO entregará la certificación oficial a la Biblioteca Estatal de Berlín, donde actualmente reposa dicho documento.
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La noticia anterior la leí con regocijo primeramente en el Diario Libre del lunes 13 [2], y posteriormente la comprobé directamente en el portal oficial de la UNESCO (click => 1, 2 y 3).

Allá en los primeros años de mi adolescencia existía la revista Geografía Universal, diferente (y mejor) del Geomundo que aún existe. A través de esa revista llegué a leer la historia de personajes como Goethe, Galileo, van Gogh, Lord Byron y Ludwig van Beethoven. Eran verdaderas joyas de artículos, con extensas ilustraciones fotográficas a colores, y contenidos de peso real. Allí pude enterarme de que Beethoven nunca pudo escuchar su propia Novena Sinfonía por cuanto ya estaba completamente sordo cuando la compuso. También que el día de su estreno, al finalizar la obra, el público vienés extasiado, aplaudió y aplaudió, pero también agitaron sus pañuelos para que el maestro sordo pudiera ver su emoción. La contralto solista agarró a Beethoven de su brazo y lo hizo voltear al público (había permanecido al lado del director de la orquesta durante la interpretación) para recibir la ovación que estaba siendo objeto.

Después de leer esos artículos decidí que el voluntarioso e idealista Beethoven formaría parte de la lista de mis personajes favoritos. El romántico y también idealista poeta inglés Lord Byron (que murió luchando por la liberación de Grecia del Imperio Otomano) pasó también a figurar en esa lista. Y ambos han permanecido en esa lista desde entonces.

La Novena Sinfonía, particularmente su cuarto movimiento el coro de la Oda a la Alegría (con poemas del escritor alemán Friedrich von Schiller), es una poderosa composición que está asociada en mi memoria a diferentes etapas y episodios de mi vida: la versión del Himno a la Alegría de Waldo de los Ríos que escuchaba de niño en la estación radial HIJB; el hombre en traje que iba silbando esa melodía en la calle peatonal la Florida de Buenos Aires; las escenas de película La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick, donde la música central y favorita del joven y descarrillado protagonista era la Novena Sinfonía; una vez en una estación del metro de la Ciudad México cuando la Oda a la Alegría se hizo presente majestuosamente en los altoparlantes; el ambiente mágico que creaba esa música a través de los altoparlantes externos del local de la Feria de Salónica, Grecia, donde se celebraba la Olimpíada Mundial de Ajedrez en 1984; las imágenes en la TV de la caída del Muro de Berlín en el 1989, acompañadas de esa misma música; el desfile de la recién extinta URSS, llamada la Comunidad de Estados Independientes, en uno de los Juegos de Buena Voluntad (Good Will Games), acompañado de la Oda a la Alegría como su himno; la imagen del actor Richard Gere en la película Mr. Jones, tratando de “ayudar” al director de orquesta a dirigir correctamente esa música; la interpretación del Himno a la Alegría por Ana Belén, Víctor Manuel y sus acompañantes en su gira hace pocos años por los países latinoamericanos (incluyendo Santo Domingo).....

Normalmente guardo uno de los dos CDs que tengo de dicha sinfonía (con Leonard Bernstein y la Orquesta Filarmónica de Nueva York) en mi vehículo y suelo recurrir a él normalmente cuando algo me entristece y necesito sentir, escuchar o palpar algo poderoso y denso, algo de real peso, que me ayude a reanimar y a recordar que el mundo y la humanidad pueden ser bellos. En otras ocasiones, cuando tengo que enfrentar a los largos tapones de nuestras calles en mi vehículo, también recurro a dicha obra. En esos momentos los coros del su cuarto movimiento, La Oda a la Alegría, me ayudan a olvidarme del fastidio de las interminables esperas y de las mezquindades de unos que otros conductores. Quizás la explicación psicológica es que uno llega a sentir en esos momentos que esos fastidiosos eventos son realmente nimiedades comparados con esa imponente música y el noble ideal del la hermandad de la humanidad pregonado por sus estrofas. Puede ser que suene tonto, pero funciona de verdad para mí.

La gran mayoría de las personas habrán escuchado alguna versión popular de la Oda a la Alegría. Mi propia versión popular favorita es la que tengo de la cantante griega Nana Mouskouri, incluida en su CD Concert for Peace [3] (realmente no sé todavía si está cantada en griego o en hebreo).

Por su mensaje, la Novena Sinfonía es la pieza que normalmente se interpreta en los eventos oficiales de las Naciones Unidas. A partir de los eventos del 11 de septiembre de 2001, dicha pieza también ha sido seleccionada para ser interpretada por diversas orquestas alrededor del mundo. La Unión Europea, por su parte, tiene al Himno a la Alegría como su propio himno desde el año 1972.

En Marzo próximo [4], del miércoles 5 hasta el sábado 15 tendrá lugar en el Teatro Nacional el Festival Musical de Santo Domingo en su IV edición. La noche de clausura tendrá lugar un concierto muy especial: se interpretará en la primera parte el Concierto para Piano y Orquesta No. 21 de Mozart, cuyo bellísimo segundo movimiento muchos lo han escuchado en su versión popular adaptada para la película Elvira Madigan. Luego el Festival clausura con la Novena Sinfonía de Beethoven. Ya tengo mis boletos reservados y estaré escuchando la interpretación de esa obra en vivo por primera vez, disfrutando del espíritu de Beethoven exhortando apasionadamente a la humanidad a ser más humana. No se pierdan la oportunidad de asistir a ese concierto y al resto del festival.

P.D. En los siguientes portales existe una traducción al español del texto de Friedrich von Schiller La Oda a la Alegría: click => Sergio Bolanos y Wikipedia


P.D. no. 2, lunes 3 de diciembre de 2007:

I
El concierto del 15 de marzo de 2003 (el último del IV Festival Musical de Santo Domingo) resultó ser un gran éxito. La sala estaba 99.99% llena (todos los boletos fueron vendidos), y los intérpretes estuvieron a la altura de la ocasión y fueron tributados al final por cerca de 10 minutos de aplausos de todos los presentes puestos de pie. Se apreciaba la satisfacción de los músicos de la orquesta, y especialmente del director maestro Philippe Entremont, quien también fue el pianista solista en la primera parte del programa. Esa noche fue uno de esos momentos maravillosos en que siento haber palpado, percibido y entrado en contacto directo con parte de lo mejor que ha producido la humanidad - nuestra humanidad.

II
Unos años han pasado, y mi colección personal de CDs de esta obra continuó aumentando: la versión de Waldo de los Ríos llegó dentro su álbum Antología (EMI, España 2002) gracias a mi hermano menor y uno de sus viajes a España; otra interpretación de Nana Mouskouri, en alemán e inglés, vino en su CD titulado precisamente Ode to Joy (Philips, EUA 2003); otro CD de Herbert von Karajan y la Orquesta Filarmónica de Berlín (de la colección completa de las nueve sinfonías, Deutsche Grammophon, Alemania 1963); y la grabación en vivo del histórico concierto dirigido por Leonard Bernstein el 25 de diciembre de 1989 en Berlín para celebrar la apertura del nefasto muro (Deutsche Grammophon, Alemania 1990), con músicos de orquestas de Alemania y de los países aliados de la Segunda Guerra Mundial. En esa ocasión histórica la palabra alegría fue cambiada por libertad.

Muchas fuentes han perpetuado la idea de que originalmente Schiller quiso escribir una Oda a la Libertad, pero no era prudente en el clima político de 1785, o que escribió una segunda versión titulada de esa manera. Otros estudiosos piensan, sin embargo, que fue realmente una invención de los círculos políticos alemanes del siglo XIX. De cualquier modo, el cambio hecho por Bernstein para la histórica ocasión luce acertado.

III
Por alguna razón la obra magna de Beethoven y la emoción que evoca me acompañaban la semana pasada. El viernes pasado, 30 de noviembre de 2007, alrededor de las 1:30 PM, manejando y luego caminando por las calles de Santo Domingo percibí la mejor temperatura en mucho tiempo. Era uno de esos raros momentos en que todo estaba perfecto: alrededor de 20 – 23 grados Celsius, con una agradable brisa y sin la molestosa humedad. En el cielo estaba el Sol tropical brillante en su apogeo, con escasos rastros de nubes. En las calles, una calidez reconfortante que no molestaba. Tan encantado estaba por ese momento óptimo que ni siquiera la inusitada cantidad de vehículos (por ser un viernes y día final del mes) me molestó en absoluto mientras manejaba. La emoción que evoca la Oda a la Alegría fluía libremente.

La tarde del día siguiente escuché el CD de Leonard Bernstein y la Orquesta Filarmónica de Nueva York (Sony, EUA 1998, de la grabación original de 1968) mientras manejaba para llegar a la librería Cuesta. Pasé directo al scherzo (segundo movimiento) para absorber su vivaz y poderosa energía, y luego a la efusiva y exultante Oda a la Alegría. No sabía de antemano que esa misma tarde se presentaría en esa librería un grupo juvenil ofreciendo un recital navideño. Estando presente allí, cerca del final del mismo, los jóvenes tocaron las inmortales notas de Beethoven que invocan a la alegría y la hermandad. ¡Bravo!

¿Cómo podríamos llamarle a eso? ¿Una simple y pura coincidencia?

Notas
[1] La entrega se realizó el domingo 12 de enero de 2003.
[2] Lunes 13 de enero de 2003.
[3] Grabación en vivo del concierto del 25 de octubre de 1997 en la Catedral Saint John the Divine de la ciudad de Nueva York (Philips - Polygram, EUA 1998).
[4] Marzo del 2003.

Imagen
Retrato de Ludwig van Beethoven (1820) por Joseph Karl Stieler
Wikipedia
http://en.wikipedia.org/wiki/Image:Beethoven.jpg


4 comments:

Franziska said...

Me parece que dentro de la música llamada clásica -será por la belleza del mundo de los griegos- es, muy probable, que no haya otra capaz de llegar a tanta gente que desprecia la música que no entiende y una vez encerrado este concepto en el cofre "de no me gusta" no hay quien les arranque de esa postura. Sin embargo, el himno de la alegría produce el milagro de destaponar oídos y de que éstos escuchen con atención. En mi opinión, también hay algo mágico en el nombre.

YEL said...

Hola Franziska,

Un amigo mío, músico clásico, comentó una vez que prefería usar música sinfónica, para no recurrir al término clásico, que debería ser aplicable a toda la música valiosa y perdurable de cualquier género.

El género de la música clásica está en desventaja en el mundo actual, donde la vida marcha a un ritmo tan acelerado y muchas veces el tiempo puede ser un bien bastante escaso y preciado. Lo vemos también con la lectura: menos personas están dispuestas y acostumbradas a enfrentarse a un largo texto que le pueda llevar 20 o más minutos leerlo y entenderlo. Con la música clásica, a diferencia de una canción popular de 2-3 minutos, muchas veces no hace mucho sentido a quien lo escucha a menos que haya pasado 5 o 10 minutos consecutivos escuchando un pasaje. ¡Qué problema esto que trajo el progreso!, ¿verdad? Creo que es algo que la sociedad humana en conjunto va a tener que revisar seriamente en el futuro.

Sobre la Novena de Beethoven, pienso que ya hace tiempo que ha traspasado los límites e la música clásica para formar parte de la memoria cultural universal. Su título y, sobre todo, los ideales que invoca ciertamente ayudan. Hoy precisamente publiqué una entrada sobre ello:

Que nos llegue la Alegría: La Oda a la Alegría de Beethoven desde Nagano 1998


Un gran saludo Franziska, que esté muy bien.

Yuan

Jaime said...

Buenas noches.

Queria manifestarte mi alegría lo que la oda hace escribir.

Yo también escucho con mucho detenimiento esta gran obra.

Me gusta el primer movimiento porque las primeras notas son tan respetuosas, entran como pidiendo permiso para entrar al corazón de forma simplisima y franca.

Me fascina cuando en el ultimo movimiento llama a los dos primeros movimientos en los primeros compases, y como de un camino arduo y lleno de olas y tempestades categoricas y titanicas de los primeros movimientos llega una hermosa melodia que viene del cielo.

El contraste tan moderno para su epoca de la coral.

Y la superposicion de voces es sencillamente un efecto universal masivo la humanidad cantando al tiempo.

Escuchen en las voces partes de figaro, y ni hablar de la trompeta, siganla en la parte final de la oda y veran lo casi loca de alegria que esta.

YEL said...

Hola Jaime:

Me alegra saber que compartes también el gozo y el aprecio por esta gran obra.

Ciertamente, a parte del conocidísimo último movimiento coral, hay tanto que gustar de sus otros movimientos. Están la poderosa fuerza de su primer movimiento, el ritmo del scherzo, la atmósfera etérea y sublime del adagio, etc. De mi parte, no había podido apreciar a plenitud el adagio hasta hace pocos años. Algo sublime.

Algunos han opinado que Beethoven debió haber concluido esta obra con el adagio (tercer movimiento), dejándonos con su atmósfera apacible y sublime, y no haber incluido la famosa final coral, con su avalancha de voces. Bueno, todos ―incluso esos pocos que opinan de esa manera― sabemos bien que la obra no hubiera tenido la misma significación de no haber contenido la Oda a la Alegría.

Gracias por pasar, dejar tus palabras y compartir lo que sientes por la Sinfonía Coral.

Saludos.