Tuesday, February 12, 2008

Dilema: ¿se lo vendes o no se lo vendes?

Los siguientes dos escenarios los planteé recientemente dentro de un comentario en una cadena de mensajes electrónicos. El tema concreto original a partir del cual salieron estos escenarios, planteados por mí como analogías, no importa tanto acá. El meollo está en el dilema que plantean.

  1. Eres el dueño de un restaurante, y un cliente que conoces bien que es diabético "se ha alocado" (descontrolado) y ha pedido y tomado bebidas dulces una tras otra en tu restaurante. Después de cierta cantidad de pedidos, ¿no sería lo moralmente correcto como dueño del establecimiento negarte a darle más dulces?


  2. Como dueño de una farmacia sabes que el cliente es alérgico en extremo a, por ejemplo, la aspirina. Pero el cliente insiste que le vendas porque lo quiere probar y alega que está en su derecho. ¿Se lo vendes o no se lo vendes?

El dilema en los casos planteados implica un choque entre el mandato legal (el cliente tiene derecho a que se le venda), y el imperativo moral (interceder para que otro no se auto-infrinja daños; o no proveer a otro medios con los cuales sabemos - con razonable certidumbre - que va a causar daños, sea a sí mismo o a otros).

Escenarios como estos, y muchísimos otros similares, pueden ocurrir en la vida real.

¿Alguna opinión?

Agradezco tus comentarios al respecto.


Imagen
Opening – Closing Question Marks
Wikimedia
http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Question_opening-closing.svg

4 comments:

Claudia Chez Abreu said...

Tremendo dilema... Aquí lo único será confiar en el poder de persuasión que podamos tener, en hacerle entender a la otra persona el daño que se estaría haciendo y resaltando los efectos negativos de su posible decisión. Ciertamente la decisión última es de cada persona.

Franziska said...

Sí, lo `primero en lo que se piensa es en advertir al otro del daño que se está causando pero hasta ahí llegan tus posibilidades y, en mi modesta opinión, no hay peor sordo que el que no quiere oír. Sin embargo, llevadas las cosas a un extremo de preocupación mayor, yo recurriría al truco de negarlo diciéndole que se nos ha acabado: eso en el restaurante. En la farmacia es más fácil negar la venta de un producto porque hay un imperativo legal que aducir y, por lo tanto, en los dos casos no son iguales las circunstancias.

Un saludo muy cordial y gracias por tu última visita.

Sol said...

mmmmm...Yo le aconsejaría que no consuma aspirina a no ser que lo haga en el hospital o con la autorización de un médico. En el primer caso, le aconsejaría y trataría de convercer al señor que no consuma más dulces, pero... creo que no podría hacer más nada al respecto ya que todos tenemos el libre albedrío para tomar nuestras propias decisiones.

Pero qué feo estar en una situación así, no?

Cómo hasta estado Yel? Tte mando un beso grande, si? :)

YEL said...

Gracias Claudia, Franziska y Sol por aportar sus puntos de vista y sugerencias.

Aclaro a Franziska y Sol que normalmente (creo que en la mayoría de los países) la aspirina se puede comprar sin recetas médicas por lo que en ese caso no vale la treta del requerimiento de la receta, el médico u hospital. Elegí la aspirina precisamente porque no requiere recetas médicas para su compra, y porque provoca alergias a ciertas personas.

En principio estoy personalmente de acuerdo con que si no está estipulado por la ley no tenemos derecho a entrometernos en las decisiones ajenas.

No obstante lo dicho anteriormente, algo que deseo dejar para la reflexión es lo siguiente: las sociedades humanas han decidido desde hace mucho que individualmente no siempre tenemos derecho a hacer lo que nos venga en gana, aún cuando solo afecte directamente a uno mismo. El suicidio y la eutanasia, por ejemplo, son delitos penalizados en la mayoría de las sociedades (el que intenta suicidarse y sobrevive es pasible de ser condenado legalmente). Y las religiones también los condenan. Aún sin llegar a esos extremos, temas como las ventas y el consumo de esteroides, estupefacientes, o aún somníferos son regulados y restringidos por las leyes.

En el caso de los dos escenarios planteados en esta entrada, ¿no pudieran ser considerados casos de intenciones de suicidio? Quizás es demasiado fuerte considerarlos de esa manera, pero claramente si les vendemos al cliente en esos dos casos, potencialmente causarán daños mortales a sí mismo con lo que le vendimos, allí mismo, al poco rato y en frente a nosotros mismos.

Por otra parte, también sí estoy consciente de que existe el gran peligro de que si comenzamos a aceptar como válido que las personas, usando “su mejor juicio”, puedan negar el derecho a otros “para protegerlas” potencialmente puede conducir a situaciones de discriminaciones y caos en la sociedad.

El pasado fin de semana vi en el cine la excelente película estadounidense Gone baby gone (2007), del director Ben Afleck (mucho más conocido como actor). En la Rep. Dominicana se titula en español Desapareció una noche. En su trama presenta dilemas parecidos con los cuales lucha el protagonista. No son totalmente similares a los dos planteados en esta entrada, pero en el fondo representan un choque similar entre el mandato legal y el imperativo moral. No les cuento más detalles por si aún no la han visto. Creo que les gustará.

Abrazos afectuosos.

Yuan