Monday, July 21, 2008

Ada Byron, condesa de Lovelace: algunas reflexiones

Los lectores que acceden este espacio a través del Google Reader o de algunos de los lectores o agregadores de RSS ―feed o fuente de Web― de Windows (por ejemplo, leyendo los feeds desde el Internet Explorer) posiblemente hayan pasado por alto o confrontado dificultades para leer el artículo sobre Ada, publicado el 14 3 de julio de 2008, con el título de:

Ada Byron, condesa de Lovelace: precursora de la programación, visionaria de la informática

Existe un límite en cuanto al tamaño de las entradas de los RSS para poder ser leídas por esas herramientas (deben ser aparentemente menores de 100 Kbytes).

Por su naturaleza, el trabajo sobre Ada sobrepasa ese límite. Traté de buscar la manera de reducir el trabajo o simplificar su formato para conformarlo a ese límite, pero finalmente decidí no hacerlo, por creer que le restaría bastante, y opté mejor por poner este aviso.

Invito a los estimados lectores a que visiten dicho artículo y les agradezco sus comentarios, críticas o sugerencias, que son siempre bienvenidos y apreciados.

A continuación reproduzco, sin cambios, la sección de ese artículo donde presenté algunas consideraciones personales respecto a lo que la vida de Ada puede ilustrarnos (originalmente había pensado en dejar esas reflexiones para una entrada aparte). Acerca del tema de la educación, referida en esas consideraciones, en la segunda parte de la entrada ¿Hasta dónde llega su empatía? (20 de noviembre de 2007) también expuse algunas reflexiones personales.

Consideraciones personales sobre Ada Byron, la condesa de Lovelace

Recorrer y conocer la historia de Ada –como la de otros personajes de relieve– pueden tentar a la búsqueda de lecciones y conclusiones de aplicabilidad general. Compartimos a continuación algunas de ellas, que hemos sacado desde nuestra óptica personal.

En primer lugar, el papel fundamental que juega la educación en la vida de las personas, su rol vital en el desarrollo de todo el potencial de cada persona. En el caso de Ada, de no haber recibido esa «educación especial» enfatizada en las matemáticas desde pequeña es muy posible que nunca hubiésemos visto las Notas, al menos no de su pluma. Ada, sin dudas, tenía predisposición y talento natural para la ciencia de los números y una viva imaginación, pero de no haber sido educada para ser versada en las matemáticas y de no haberse tenido contacto con otras disciplinas del saber –produciéndole el despertar de su curiosidad intelectual–, no hubiese producido lo que legó al mundo.

En segundo lugar, el talento natural, el carácter personal, la educación y la práctica disciplinada, todos conjugados, aún no garantizan los resultados exitosos. Es necesario que existan las oportunidades y las circunstancias propicias para que el individuo poseedor todos esos factores desarrolle y explote su potencial –idealmente al máximo– y llegue al éxito. Con frecuencia, esas oportunidades y circunstancias son de carácter puramente fortuito. Así, Ada tuvo la fortuna de vivir en un período y en un círculo social donde estaban los factores necesarios para ella sobresalir: nació precisamente en ese momento histórico y en Inglaterra, donde se estaban produciendo tantos avances; debido a su posición social, conoció a Babbage y Mary Somerville; Babbage diseñó sus máquinas en esa época; Menabrea escribió su trabajo en francés –y no en inglés o algún idioma ajeno al conocimiento de Ada–; Babbage confrontó problemas para financiar su proyecto, lo que motivó la traducción del trabajo de Menabrea y de ahí la génesis de las Notas; y, finalmente, Ada contó también con un marido que la apoyó en sus inquietudes intelectuales. En el sentido negativo, Ada no tuvo mucho más oportunidades –si es que tuvo algunas– de aportar con su talento luego de las Notas. Causa cierta tristeza contemplar ahora –tantos años más tarde– que en los años de su última década su capacidad intelectual fue desperdiciada. Y la misma sensación nos invade saber que ella tuvo tan corta vida, plagada de problemas de salud.

Finalmente, en tercer lugar, está el gran peligro y daño que ocasiona la existencia del prejuicio y la discriminación. De haber sido Wheatstone y Babbage prejuiciados con Ada, por su condición de mujer y, como tal, poco aceptada para las ciencias y matemáticas en esa época, las famosas Notas no hubiesen nacido. Eso solo nos da una idea, quizás bastante ínfima, de lo que ha perdido el mundo por haber excluido, aún sea parcialmente, al sexo femenino de esos campos y de tantas otras áreas durante mucho tiempo. Y si lo generalizamos al prejuicio y la discriminación en sentido general –de todos los tipos–, la magnitud del daño que el mundo ha sufrido y sigue sufriendo es incuestionablemente aún mucho mayor.

Conscientes del peligro de salirnos del tema de este trabajo, concluimos con la siguiente última observación. La realización en la práctica de lo correcto que debe derivarse de las tres lecciones y conclusiones señaladas anteriormente es algo que escapa al solo deseo, la sola voluntad y la acción individual de cada ser humano. A fin de proveer la educación adecuada; crear las oportunidades y condiciones propicias para el desarrollo humano en general –independientemente de que a nivel de cada persona puedan incidir factores puramente fortuitos, fuera del control humano–; y eliminar la discriminación y el prejuicio, se necesita la presencia del deseo, la decisión, la voluntad y la acción de todos los miembros de la sociedad, desde los padres y tutores, hasta los economistas, políticos y gobernantes.


Imagen
Young Girl Reading, Mary Cassatt (1908). Fuente: Wikimedia Commons http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Cassatt_Mary_Young_Girl_Reading_1908.jpg


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