Hoy Francia está de fiesta: es el 220.º aniversario de la Toma de la Bastilla, que marcó el 14 de julio de 1789 el inicio de la Revolución Francesa.
En 1989, hace 20 años, se celebró con grandes pompas el bicentenario de ese capital evento. En el punto culminante de las celebraciones oficiales y ante un público que incluía al presidente francés François Mitterrand, importantes altos dignatarios mundiales y millones de televidentes alrededor del mundo, la soprano estadounidense de raíces afroamericanas Jessye Norman, envuelta con los colores de la bandera francesa, cantó La Marsellesa en el escenario majestuoso de la Plaza de la Concordia.
Las poderosas imágenes de ese evento que presencié a través de CNN nunca me han abandonado, pero nunca las había podido reencontrar hasta hace pocas semanas, gracias a la Web. Aquí va el vídeo.
Jessye Norman canta La Marsellesa en la Plaza de la Concordia, Paris, el 14 de julio de 1989, en la culminación de la celebración del bicentenario de la Revolución Francesa.
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Pocos meses más tarde el mundo vivió y celebró con regocijo otro acontecimiento histórico: la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría.
A pesar de que es cierto que el lema «Liberté, égalité, fraternité» está todavía lejos de ser una verdadera realidad en toda la humanidad, sí hemos avanzado y paso a paso seguiremos avanzando.
1789 es la terminación de mi cuenta de correo electrónico para este blog y es en honor a la Revolución Francesa.
Nobuyuki Tsujii nació en Tokio, Japón, en 1988. Ha ganado diversos concursos de piano desde que era un niño y el pasado 7 de junio de 2009 ganó con solo 20 años la medalla de oro del prestigioso y exigente Concurso Internacional de Piano Van Cliburn, este año en su decimotercera versión, en Fort Worth, Texas. Su primer premio fue compartido con el todavía más joven Haochen Zhang de China, de 19 años, el participante de menor edad. Ambos resultaron los primeros ganadores asiáticos en la historia de ese importante evento cuatrienal que se celebra desde 1962.
La medalla de plata fue para la pianista surcoreana Yeol Eum Son de 23 años.
La proliferación actual de talentos musicales juveniles alrededor del mundo y muy específicamente en los países asiáticos, hace que nada de lo dicho anteriormente resulte extraño o demasiado impresionante si no le añadimos la siguiente información: Nobuyuki Tsujii es ciego de nacimiento.
Es la primera vez que un invidente triunfa en el Van Cliburn (otro invidente participó en 1973) y la segunda ocasión que el primer premio es compartido (la otra vez fue en el 2001).
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La calidad interpretativa de Nobuyuki Tsujii impresiona por sí sola y es independiente del hecho de que sea ciego, pero su invidencia eleva aun más su proeza.
Quizás sea un hecho normalmente desconocido ―o al menos pocas veces resaltado―, pero la ausencia del sentido de la vista no ha sido obstáculo para que a través de la historia hayan existido muchos notables músicos ciegos. Varios casos recientes son muy conocidos: el cantante Andrea Bocelli, Stevie Wonder, Ray Charles, José Feliciano y el virtuoso jazzista Art Tatum, etc. [1]
La ausencia de la vista obliga a los invidentes agudizar sus otros sentidos. Se ha establecido que a nivel de la población general, la ocurrencia del oído absoluto (la capacidad para identificar y reproducir una nota musical sin ayuda de referencia externa) entre los ciegos es mucho mayor que entre los videntes; específicamente entre los músicos, normalmente menos del 20% de los videntes poseen el oído absoluto, mientras que un estudio científico arrojó que el 57.1% de los músicos invidentes en la muestra considerada poseían esa capacidad [2]. Los científicos consideran que la ausencia de la vista en los ciegos congénitos o los que perdieron la vista a muy temprana edad les permite aprovechar las neuronas de su corteza visual para otros sentidos, especialmente el sentido auditivo para los casos de los músicos [3].
En este caso, lo que quita la naturaleza lo ha compensado por otro lado, pero me parece que sería bastante injusto que por ello disminuyera nuestra apreciación del mérito de Nobuyuki Tsujii (y los otros notables músicos invidentes): ¿en comparación con los músicos videntes, cuántas dificultades adicionales confrontan los invidentes para poder realizar sus estudios y desarrollar su talento?
Aquí van cuatro videos de Nobuyuki Tsujii en el Van Cliburn 2009. Disfruten.
Actualización del 26 de junio de 2009, 1:00 p. m.: Como muchos otros músicos invidentes, Nobuyuki Tsujii aprende las piezas musicales de oído, usando grabaciones y música en vivo. En su caso, sus profesores realizan grabaciones lentas de las nuevas piezas con las cuales trabaja y aprende. Aunque sí aprendió a leer música en braille, no la utiliza por resultarle ser un método mucho más lento.
Agregamos la información del webcast del Concurso Van Cliburn en la sección de Informaciones adicionales y tres enlaces más en Otros artículos en la Web.
Nobuyuki Tsujii interpreta a Franz Liszt (basado en un tema de Niccolò Paganini): Estudio n.º 3, La Campanella. Ronda preliminar.
Nobuyuki Tsujii interpreta a Ludwig van Beethoven: Sonata para piano n.º 29, Hammerklavier, 4.º movimiento (fuga). Ronda semifinal.
Nobuyuki Tsujii interpreta a Franz Liszt: Rapsodia húngara n.º 2. Ronda final.
Nobuyuki Tsujii interpreta a Sergei Rachmaninoff: Concierto para piano y orquesta n.º 2, final del 1.er movimiento. Ronda final.
Informaciones adicionales El portal oficial de Nobuyuki Tsujii es http://www.nobupiano1988.com, el de la Fundación Van Cliburn es http://www.cliburn.org/ y el webcast del Concurso Van Cliburn es http://www.cliburn.tv/ (pueden ver allí varios videos de las interpretaciones de los finalistas, la ceremonia de la premiación, entrevistas y otros).
Barry Shlachter, “Japanese pianist doesn't need to see to dazzle Cliburn audiences”, Star-Telegram.com, 24 de mayo de 2009, http://www.star-telegram.com/news/story/1393778.html (este artículo ya no está disponible en la Web).
[3] Este es un tema que ha sido estudiado por los científicos desde hace unos años. Para los lectores conocedores realmente interesados en el tema ―y también los curiosos empedernidos―, afortunadamente muchos de esos estudios están disponibles en la Web. A parte del mencionado en la nota anterior, listo abajo otros dos:
El hombre yacía inconsciente en su cama. Había entrado en ese preámbulo a la partida de la vida terrenal el día anterior y dos días antes ya le habían administrado los últimos sacramentos. El gran genio creador, el indomable, el irreverente, el domador de las adversidades y forjador de su propio destino estaba ahora irremediablemente postrado, a la espera de la señal para dejar este mundo. Entre las tres y cinco de la tarde su partida ya parecía inminente. Repentinamente, brilla un rayo, suena un trueno, y toda la habitación se ilumina (afuera estaba cubierta de nieves). En ese instante el hombre abre sus ojos, y con una severa expresión en su rostro ―casi amenazante― levanta su mano derecha, el puño cerrado. Parecía querer expresar «Poderes hostiles, ¡os desafío! ¡Afuera! ¡Dios está conmigo!». O como un valeroso comandante alentando a sus tropas: «¡Valor soldados! ¡Adelante! ¡Confiad en mí! ¡La victoria es segura!» (palabras textuales del testigo presencial [1, p. 308]). Era su último gesto desafiante, breve en duración, pero de un simbolismo vasto. El brazo erguido retorna a su posición inicial, su aliento se expira y se asienta el punto final al drama de vida. Termina así su heroico tránsito de cincuenta y seis años y tres meses por la vida. Era el lunes, 26 de marzo de 1827. El lugar: Viena, su ciudad adoptiva. El personaje: el inmortal Ludwig van Beethoven[2].
La inmortalidad no le llega en esa fecha; ya era inmortal desde mucho antes.
Viena lo despidió como a un rey con una ceremonia apoteósica que tuvo lugar tres días más tarde, el 29 de marzo, a las tres de la tarde. Veinte mil personas se congregaron frente a su casa (Schwarzspanierhaus), las escuelas fueron cerradas, y los militares estuvieron en servicio para preservar el orden. Figuras notables de las artes estuvieron presentes en la imponente ceremonia fúnebre. Entre los portadores de antorcha que marcharon junto a la procesión estaba su admirador Franz Schubert, quien al año siguiente también dejó el mundo con tan solo treinta y un años (¡un verdadero desperdicio de genio!), y fue enterrado al lado del maestro.
El dramático gesto final de Beethoven simboliza uno de los rasgos distintivos de su vida: un espíritu indomable que nunca se doblegó ni se postró ante las adversidades, nunca dejó de luchar. Tratándose de uno de los grandes, la divinidad o la naturaleza le concedió esa última oportunidad, justo antes de su partida, para reafirmar ese rasgo, dejándonos claro que es así como debemos recordarlo. Y así lo recordamos [3].
En sus luchas Beethoven no siempre salió victorioso. La sordera pudo más que su voluntad y lo aisló socialmente. Contra esa terrible y cruel enfermedad para un músico no tenía remedios, pero la forma como se enfrentó a ella es asombrosa y admirable: continuó componiendo, y creó sus piezas cumbres con su sordera y a pesar de ella. Él no tuvo la dicha escuchar muchas de sus propias obras. Los que sí podemos escucharlas todas somos muy afortunados.
El pasado martes, 16 de diciembre de 2008 se cumplió el 238.º aniversario del nacimiento de Beethoven [4], ocasión propicia para recordarlo. Cuando quise empezar a escribir esta entrada ese día en la noche me encontré en la televisión la película Copying Beethoven (2006) y de ninguna manera podía desperdiciar la oportunidad de verla [5], así que este texto tuvo que ser pospuesto (y lamentablemente el tiempo se complicó hasta hoy).
Como no sé si el maestro me va a escuchar —leer— si le expreso aquí mis felicitaciones tardías, mejor simplemente proclamo con humildad mi agradecimiento a Beethoven, el genio que continúa y continuará sirviendo de inspiración a muchos y toca diariamente el alma de millares de seres alrededor del mundo. Sentir lo que transmite la música de Beethoven les ayuda a muchos de ellos recordar que son humanos [6].
Notas [1] A.W. Thayer, D. Hermann y H. Riemann, The Life of Ludwig van Beethoven, vol. 3, revis., correc. y ed. H.E. Krehbiel, 2.ª imp., Nueva York: Beethoven Association, 1921, http://www.archive.org/details/lifeofludwigvanb03thay (17 de diciembre de 2008).
[2] Anselm Hüttenbrenner, amigo de Beethoven y uno de los dos testigos presenciales (la otra persona era la cuñada del compositor), le narró esta escena en 1860 a Alexander Wheelock Thayer, autor de la biografía clásica de Beethoven (ver la nota anterior).
[3] El idealista Romain Rolland valoró profundamente a Beethoven, por su genio musical, su fe en la humanidad y la dimensión heroica de la trayectoria de su vida. Escribió tres libros sobre el compositor. Una versión en inglés de su libro Vie de Beethoven (1903) está en el Internet Archive:
[4] Beethoven fue bautizado el día 17 de diciembre de 1770. Aunque no se ha establecido con absoluta certeza su fecha de nacimiento, se supone que nació el día anterior. El 16 de diciembre era también la fecha en que se celebraba sus cumpleaños.
[5] Copying Beethoven me pareció una buena película, sobre todo porque presenta un aspecto poco conocido generalmente: el Beethoven de su último período produjo una música intelectual y revolucionaria en forma que fue poco accesible para sus contemporáneos. (Incluso notables compositores, como Tchaikovsky décadas más tarde, no se mostraron favorables a esos experimentos de su último período). Aún hoy día, casi dos siglos más tarde, creo que para una persona familiar con el Beethoven «normal» (el del estilo heroico de su Sinfonía Heroica, Quinta Sinfonía, Concierto Emperador, etc.) encontrarse por primera vez con las obras de su último período (sobre todo sus últimas sonatas para piano y cuartetos de cuerda) puede ser una experiencia chocante. Por lo menos pasó conmigo cuando conocí por primera vez sus últimas sonatas para piano.
Es oportuno aclarar que la película Copying Beethoven presenta elementos ficticios: el personaje de la asistente-copista fue inventado, y Beethoven no dirigió la orquesta en el estreno de su Novena Sinfonía, aunque sí estuvo al lado del director.
Otra buena película sobre Beethoven es Immortal Beloved (1994), que la vi hace unos años. Sobre ese filme también es prudente aclarar que añade elementos ficticios (de bastante envergadura): Karl, el sobrino de Beethoven, resulta al final ser su hijo, producto de su relación con su cuñada, la cual resulta ser la destinataria de la famosa carta a la Amada inmortal (!). Imaginación y osadía sí que no le faltaron al guionista.
[6] El pasado miércoles 13 de agosto de 2008 tuvo lugar en Santo Domingo el concierto Todo Beethoven para conmemorar el 35.º aniversario del Teatro Nacional de la República Dominicana (inaugurado el 16 de agosto de 1973). Fue una ocasión única por cuanto en una misma noche fueron interpretadas dos grandes sinfonías de Beethoven: la quinta y la novena. El maestro José Antonio Molina realizó una estupenda labor dirigiendo la Orquesta Sinfónica Nacional y el coro. Tuve el privilegio y la dicha de presenciar y disfrutar de ese concierto único, y sentir el espíritu del genio de Beethoven.
Daniel Barenboim interpreta a Ludwig van Beethoven: la Sonata para piano n.º 14, Claro de luna, 1.er movimiento.
El nombre con el que se conoce comúnmente esta sonata, Claro de luna, realmente no lo puso el compositor, sino que fue sugerido posteriormente por el poeta y crítico musical Ludwig Rellstab. El subtítulo original de Beethoven para esta obra fue «quasi una fantasia».
Los otros movimientos de esta misma interpretación de Barenboim están en:
Mstislav (Slava) Rostropóvich (1927-2007) interpreta a Johann Sebastian Bach: el Preludio de la Suite n.º 1 para Violonchelo en Sol mayor (G major), BWV 1007.
Rostropóvich fue un gran amigo de Alexander Solzhenitsyn (1918-2008), fallecido hace pocos días. En medio del intenso acoso del régimen soviético al Premio Nobel de Literatura 1970, Slava apoyó a su amigo y lo albergó en su casa. Rostropóvich y Solzhenitsyn compartían, ante todo, una característica en común: eran artistas de excepción y seres humanos de principios e integridad moral.
Esta es una grabación de parte de la estupenda interpretación en vivo del joven pianista chino Yundi Li, en el año 2002 en Japón.
Nacido en 1982, Li ganó en el año 2000, a los 18 años, el Concurso Internacional de Piano Frederick Chopin, convirtiéndose el más joven ganador en la historia de ese prestigioso evento quinquenal que se celebra en Varsovia. Es uno de los varios jóvenes virtuosos intérpretes chinos que actualmente circulan por el escenario mundial.
La pieza es La Campanella del virtuosísimo pianista y genial compositor romántico húngaro Franz Liszt, que está basada en un tema del famoso concierto homónimo para violín y orquesta del italiano Niccolò Paganini, considerado a menudo como el más virtuoso violinista de historia.
Esta obra es la que se interpreta en la parte final de la película Shine (1996) —una de mis favoritas— donde el excelente actor Geoffrey Rush encarna al atormentado pianista australiano David Helfgott. Luego de terminar la interpretación de esa pieza, la sala entera se pone de pie para aplaudir a un emocionado David Helfgott, agradeciéndole su interpretación y tributándole homenaje a toda la odisea de su vida. Hijo de un padre autoritario y también atormentado (quien había sido perseguido como judío en Europa durante la Segunda Guerra Mundial), había pasado de un niño prodigio a un desquiciado mental, para finalmente salir de la oscuridad, reencontrarse con el piano, ver llegar su amor, y volver a ofrecer su arte al mundo.
Unos cuatro o cinco años atrás tuve el privilegio de presenciar una interpretación en vivo de La Campanella en el Palacio de Bellas Artes, Santo Domingo, en una actividad cultural patrocinada por la Embajada de Alemania, con la magnífica participación de un destacado pianista de esa nacionalidad.
Espero que disfruten la interpretación de este talentoso joven. En el video tenía tan solo 20 años.
Daniel Barenboim y la Orquesta Filarmónica de Berlín interpretan a Wolfgang Amadeus Mozart: el Concierto para Piano y Orquesta n.º 21 (K. 467), 2.º movimiento.
La música eterna de Mozart, interpretada por un gran pianista y director, y una primerísima orquesta. Esta bellísima y sublime pieza es bastante conocida popularmente porque fue usada en la película sueca Elvira Madigan (1967).
La belleza, en sobrada abundancia, sí existe en el mundo. Tanto en la naturaleza como en las creaciones de nuestra civilización humana. Sus manifestaciones están allí afuera palpables. Sólo faltan tener el deseo y la voluntad de verlas; los ojos abiertos, y los sentidos receptivos.
Dos videos de mi cantante predilecta, la maravillosa e inmensa Nana Mouskouri. Nacida en Grecia hace 73 años (1934), Nana ya empezó en el 2005 sus giras de conciertos de despedida para finalizar una excelsa carrera de casi 50 años.
Poseedora de una voz angelical en sus mejores años, Nana ha podido deleitarnos a lo largo de su carrera con hermosas canciones de diversos géneros e idiomas que trascienden el tiempo y la moda. También ha usado su hermosa voz para inmortales melodías de la música clásica, y hecho versiones propias de piezas de óperas y lieds.
Difícilmente veremos otra cantante que pueda emular su versatilidad, longevidad y calidad interpretativa en tantas lenguas diferentes.
Aquí tienen dos conocidas piezas que fueron grandes éxitos en sus tiempos. Disfruten.
Nana Mouskouri: Je chante avec toi Liberté (Stars of Europe, 24 de marzo de 2007, Bruselas, Bélgica). Original de Giuseppe Verdi, coro Va pensiero de la ópera Nabucco (1842). La letra original era de Temistocle Solera, inspirada en Salmos 137.
Nana Mouskouri: Here's to you (les Enfoirés en concert, 26 de enero de 1997, Francia). Original de Ennio Morricone (música) y Joan Baez (letra) para la película Sacco e Vanzetti (1971).
P.D. martes, 4 de diciembre de 2007, 12:30 PM:
Escuchar de nuevo a Nana siempre es una gran experiencia. La noche después de escribir esta entrada la escuché de nuevo cantar Casta Diva (CD Ode to Joy, Philips, EUA 2003). Impresionante. ¡Bravo!
Hace pocos días, mientras viajaba en mi vehículo, escuché el CD Nana Mouskouri Gold – Greatest Hits (Phillips – Universal, Canadá 2001). Está lleno de bellas canciones y melodías, y particularmente en la interpretación de la canción Le Temps qu’il nous reste su voz se manifiesta tan hermosa y acariciante.